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Arrastrando los pies pt3

-Es inútil, ya no puedo continuar, me duelen los pies, no es lo mismo el ir en auto a un lugar que está a 5 minutos, que ir a pie y con este tipo de obstáculos.- dijo cansadamente Luis.
- Pero ya falta poco, en un rato llegaremos y verás que encontraremos un festín de comida, tal vez más gente y quien sabe tal vez algún vehículo, no sabemos que es lo que nos podemos encontrar…
- Eso no necesariamente es bueno, así como nos pudiéramos topar con todas esas maravillas, también hay grandes posibilidades de que no haya nada de nada y que tal vez nos encontremos con más problemas como la horda de allá atrás o el perro ese que casi nos mata.
- Eso si pero no podemos perder la esperanza, debemos continuar, si bien es cierto, viste que no es tan difícil el huir de ellos, sobre todo cuando son pocos.
-¿Y tu crees que siempre van a ser pocos?; hasta donde yo sé o me imagino ha de haber hordas por ahí, sobre todo donde quede algo de comida para ellos.
-Vale si quieres quedarte por aquí y esperar tu suerte por mi está bien, yo tampoco estoy seguro de que continuar juntos sea la mejor idea.
- ¿Porque te retraso verdad? Yo no soy el culpable de queme hayan herido y que ahora non tenga esperanzas, sobre todo después de haber pasado por tantas cosas en tan poco tiempo, y ver que al parecer ¡no hay otra jodida persona realmente viva por aquí! Y tus esperanzas son el llegar a un lugar que ni siquiera sabemos si aún existe y que sea un maldito oasis en medio del desierto.
- Tranquilo. Entiende ninguno de los dos sabemos nada de esta tierra, hemos visto las mismas cosas y nos hemos enfrentado a lo mismo, pero… ¡por el amor de Dios!, que mas nos puede mantener si no es una maldita esperanza, como nos mantendremos si no tenemos un objetivo. ¡Yo también tengo miedo!, ¡también estoy cansado! Y por supuesto también quiero rendirme!; pero no puedo, no puedo quedarme así como si nada, tengo que luchar y si ya no hay salida… ¡Pues con un demonio! Al menos me iré sabiendo que hice todo lo jodidamente posible por salir del hoyo. ¡¿Entiendes?!
– Si… Entiendo, al menos dame un momento para recuperarme; o en serio sigue sin mi.
- Está bien busquemos algún lugar para recostarnos un momento.
Los dos se dirigieron hacia una pequeño sendero que tenía una gran cantidad de árboles, la mayoría estaban ya algo secos, no precisamente por la temporada, más bien se notaba el descuido del lugar al ya no haber alguien que les diera su debido mantenimiento, el pasto tenía un color amarillento y se sentía como se resquebrajaba a cada paso de los dos hombres; notaron que esto pudiese ser benéfico, ya que los alertaría de cualquier cosa que se acercase.
Estuvieron recostados a la sombra de uno de los secos árboles hasta que de imprevisto escucharon ese caminar característico de los arrastra pies, pero no se escuchaban sobre el pasto, así que deberían de ir pasando sobre el pavimento. Las pisadas se multiplicaron en pocos segundos, pasaron de escucharse unas pocas a ser demasiadas, el ruido se asemejaba a algún tipo de carpintería donde se lijasen constantemente maderas, era algo desesperante, a esto se les sumaban esos quejidos, esas voces en un ritmo pausado que denotaba un sufrimiento, tal vez ellos sufrieran igual o más que los vivos, quien sabe, tal vez su conciencia muy en el fondo luchaba entre comportarse como lo había marcado la civilización a la que antes pertenecieron o seguir el instinto vital que ahora sentían de comer para seguir funcionando, a costa de cualquier cosa.
Se codearon el uno al otro e hicieron señas tratando de entenderse, entre esa “plática” sin palabras se pusieron de acuerdo para que si esas cosas trataban de acercarse al descubrirlos iban a correr entre el pasto seco y crecido, creyendo que eso haría aún más difícil su andar y así les diese tiempo de huir. No pasó ni un minuto cuando se percataron que no eran unos cuantos cuerpos los que se dirigían hacia ellos; eran tantos que pronto dejaron de caminar por el pavimento y necesitaron comenzar a transitar por el pastizal, dirigiéndose lentamente hacia el árbol donde estaban refugiados en espera de correr.
Cuando se vieron amenazados totalmente comenzaron su frenética huida de la gigantesca aglomeración de muertos, avanzaban torpemente entre la crecida y seca hierba, oían el crujir y sentían como algunas espigas se clavaban en sus piernas, la verdad es que no eran mucho más rápidos que sus persecutores. En cierto punto Esteban volteo la mirada para ver si ya estaban a una distancia prudente del grupo y se dieron cuenta de que no los estaban siguiendo, de hecho no parecía que se hubiesen percatado de su presencia en absoluto; Esteban se detuvo y llamó a Luis para que hiciera lo mismo. La caminata de los arrastra pies, se concentraba en su mayoría sobre el pavimento y como ellos notaron solo algunos caminaban entre el pasto, pero algo era seguro, parecían seguir el camino como si fuese el sendero que estaban programados para seguir, y sin prestar atención a lo que había a sus alrededores, como si alguien los estuviese pastoreando.
- ¡Eso es raro!, pasan como si nada, recuerdo que cuando una de esas cosas te veía desde lo lejos, lo primero que hacían era abalanzarse contra cualquier cosa viva y devorarlo.- dijo Luis bastante desconcertado y sorprendido.
- Lo sé y esto es desconcertante, ¿será que ya nos vemos y olemos tan mal como ellos y por eso no nos noten?
- Puede que si, pero, mira eso de seguir un camino marcado indica algún tipo de pensamiento o de instrucción para que así lo hagan.
- ¿Pero como, si esas cosas son como bestias salvajes?, hacen lo que quieren y a la hora que quieren.
En ese momento de entre los cuerpos que caminaban sobre el asfalto surgió una figura que montaba a caballo y marcaba el paso de todos ellos tratando de mantenerlos juntos a gritos y empujándolos un poco con la bestia que montaba. Al llegar al lugar donde estaban los dos amigos, volteó y les arrojó un ronco grito -¡Hey!-; pero ellos no hicieron nada, estaban perplejos. Después de varios gritos los compañeros de camino contestaron al llamado causando visiblemente la sorpresa del guía de los muertos, quien inmediatamente desmonto y se dirigió hacia ellos abriendo los brazos en señal de sorpresa y claramente de entablar algún lazo de afecto.
- ¡Están vivos! Válgame Dios, hace muchos que no vemos a ningún sobreviviente, vengan, tenemos muchos de que hablar, vengan, estarán bien.
Así los dos aventureros acompañaron al hombre que los dirigió hacia los zombis, quienes sorprendentemente no hicieron ni el intento de voltear a verlos; al llegar a su caballo el hombre los montó a su bestia y siguió arreando a la manada de arrastra pies sobre el camino, un camino que les llevaría a descubrir algunas cosas que nunca les hubiesen pasado por la mente, ¿qué habrá pasado en el mundo cuando ellos estaban encerrados? ¿cuándo y cómo habían cambiado las cosas en estos meses?, no lo sabían pero había un largo camino que recorrer aún.

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