El camino hacia las oficinas donde ella labora es algo largo; pero usualmente es por el tráfico que existe la mayor parte del tiempo, por ello la tardanza en llegar de casi cualquier punto al centro del sector empresarial. No es el caso de ésta hora; el asfalto suena considerablemente fuerte debido a la velocidad que se puede alcanzar en este momento. Reviso constantemente mi celular para ver si me ha llegado alguna notificación, cosa de la que me debería de percatar con facilidad, pero el mismo sonido del desplazamiento de mi auto es tan hipnótico que me llevaba a pensar solamente en la situación actual de preocupación y eso si que me puede distraer de sentir la vibración o escuchar el sonido del móvil.
Lo mejor que se me ocurrió para calmar los nervios un poco fue encender el estéreo, pasaba de una estación a otra con poca atención a la propuesta musical de cada frecuencia, iba de la música clásica al norteño, del pop al rock suave y de vuelta a la música regional del norte, son muchas las estaciones con este tipo de géneros, casi pudiera decirse que en realidad la música norteña es como el pop de estos lares, total que ninguna fue de mi agrado pero sirvió para olvidarme un poco de esa sensación de vacío en la boca del estómago que uno tiene cuando está preocupado. Desbloqueé mi celular y marqué su número pero de nuevo nada, la agrura se volvió más fuerte y comenzaba a acelerarse mi ritmo cardiaco, estaba perdiendo la paciencia; cosa relativamente fácil en un mundo donde si alguien no te contesta en breve una llamada al móvil es señal de problemas o una falta de respeto, pero eso, no pasaba antes. La solución para poder continuar mi viaje fue orillarme y sacar de la guantera un cd quemado por mí, donde incluía, lo que a mi opinión era una verdadera selección musical, todas las letras las sabía, así que eso me daría en que entretenerme durante lo que faltaba del trayecto.
En breve llegué a las afueras del edificio, era una de las más viejas construcciones pero al mismo tiempo también derrochaba majestuosidad y ese aspecto artístico que tenían hace tiempo muchas edificaciones, las cuales fueron cambiando por algo más sobrio y efectivo. Me estacioné en la acera exactamente frente a la entrada; cosa que no se puede hacer en un horario de trabajo normal a menos que seas una ambulancia o un camión de bomberos. La vista de la calle, de la plazoleta y del mismo gigante de concreto, no es nada amigable con la poca luz que hay, igualmente en los adentros se veían algunas luces de oficinas encendidas, pero no la de ella; así mismo se notaba una luz tenue y verdosa en el área de la recepción, lo que indicaba que el guardia debía estar ahí mismo, o por lo menos eso espero.
Toqué en el cristal varias veces, pero nadie respondía, tal vez es la hora de su ronda o puede que haya ido al baño; igual pensé en esperar un rato, me senté en el suelo y recargué mi espalda en la puerta de vidrio; saqué mi celular y pensé en revisar mis redes sociales, tengo suficiente batería así que no será problema : no encontré nada interesante, lo cual podría deberse a dos cosas, una que en verdad no hubiese nada y dos que la situación no permitiese que algo más me llamase la atención. Sin darme cuenta estuve sentado ahí más de 30 minutos, “de a buenas que no había nada interesante” pensé; me puse de pie y volví a golpear el vidrio de la puerta; de entre las sombras del lado izquierdo se manifestó una silueta; no fue sino hasta que estuvo frente de mí que noté a Pánfilo, el conserje del lugar, quien más bien se debería de dedicar a la lucha libre, porque el tipo es inmenso y eso que yo no soy muy pequeño que digamos. – Hola Pánfilo ¿oye no sabes si mi esposa, Diana de la oficina 327, se quedó a trabajar hasta tarde? es que no veo que nada en su piso esté encendido pero no ha llegado a casa- dije con apuro y bastante preocupado -Lo siento Don, no hay nadie de ese piso, solo hay gente en el quinto y sexto piso, ya sabe esos de contabilidad nunca acaban… aparte yo vi que Doña Diana salió, ya sabe y sin afán de ofender, no es alguien que pase desapercibida- dijo él con un claro enrojecimiento de vergüenza – No te preocupes, se como es ella, jeje, ni hablar entonces yo creo que debo de seguir buscándola o tal vez regresar a casa a ver si ella volvió- en eso me interrumpió -Bueno hoy también había fiesta de varios departamentos por el cumpleaños del señor David, ya sabe, es como el jefe; se iban a reunir en un bar que se llama “El efecto 2” está muy cerca de aquí, tal vez ella también fue; ¿sabe dónde queda?- -Si, creo que si, déjame ir a echar un vistazo, muchas gracias- -Suerte, que le vaya bien-. Las últimas palabras del gigantesco y musculoso hombre no me dejaron muy bien que digamos, y había algo que no me cuadraba; si mi esposa hubiera ido a esa reunión, con más razón me hubiese llamado para avisarme ya sea antes o desde que llegó al lugar, el móvil no era excusa, en el bar ese hay cabinas telefónicas.
Subí a mi auto y con más preguntas que respuestas me dirigí al bar con la esperanza de encontrarla y si así era, esperaba encontrarla con bien y no acompañada por alguien que no fuese confiable. -¡Maldita sea!- grité mientras golpeaba el volante, estaba perdiendo la cordura, debía darle fin a estas dudas antes de que se me vinieran más escenas que aunque no pasen, duelen de solo pensar en que es una posibilidad.
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