DUA no significa preparar 30 actividades diferentes
Vamos a hablar de DUA.
Sí, ese tema que aparece cada vez más en cursos, reuniones, documentos y presentaciones.
Diseño Universal para el Aprendizaje.
Y aquí viene una de las primeras cosas que necesitamos aclarar:
DUA no significa que tienes que preparar 30 actividades diferentes porque tienes 30 alumnos.
Si eso fuera cierto, necesitaríamos más horas de trabajo, tres asistentes y probablemente un pequeño equipo de producción de Netflix.
Y no creo que la Secretaría de Educación tenga contemplado eso en el presupuesto. 😂
Entonces, ¿qué es DUA?
Dicho de manera sencilla, el DUA busca que diseñemos experiencias de aprendizaje considerando desde el principio que nuestros alumnos son diferentes.
No todos aprenden de la misma manera.
No todos necesitan los mismos apoyos.
No todos se sienten cómodos participando de la misma forma.
Y tampoco todos demuestran lo que saben de la misma manera.
Hasta aquí parece bastante lógico.
El problema aparece cuando pensamos que atender esas diferencias significa hacer una actividad distinta para cada estudiante.
No.
La idea es diseñar experiencias que tengan diferentes posibilidades de acceso, participación y expresión.
El error de las “30 actividades”
Imaginemos que queremos trabajar la comprensión de un texto.
Una forma muy tradicional sería:
“Todos leen el texto, todos contestan las mismas preguntas y todos entregan la misma hoja.”
¿Puede funcionar?
Claro.
Pero quizá podemos ofrecer algunas alternativas.
Algunos estudiantes pueden leer el texto de manera individual.
Otros pueden necesitar que lo escuchemos.
Podemos acompañarlo con imágenes.
Podemos explicar algunas palabras antes de comenzar.
Podemos permitir que ciertas respuestas se expresen por escrito, oralmente o mediante una representación gráfica, dependiendo del propósito de la actividad.
La meta sigue siendo la misma.
Lo que estamos modificando son algunas de las formas para llegar a ella.
Y ahí empieza a tener sentido el DUA.
DUA no significa bajar la dificultad
Este es otro malentendido bastante común.
A veces pensamos:
“Si le doy apoyos, le estoy haciendo las cosas más fáciles.”
No necesariamente.
Una cosa es reducir una barrera y otra muy diferente es eliminar el aprendizaje que queremos lograr.
Si quiero que un alumno comprenda un texto, ofrecerle audio, imágenes o apoyo para comprender instrucciones no significa que ya no tenga que comprenderlo.
Simplemente estoy buscando que una dificultad secundaria —por ejemplo, una instrucción confusa— no termine convirtiéndose en una barrera para demostrar lo que realmente sabe.
Porque esa es una diferencia importante.
No estamos regalando la respuesta.
Estamos intentando que el camino hacia el aprendizaje sea accesible.
Pensemos en algo muy sencillo
Supongamos que queremos que nuestros alumnos aprendan sobre los animales y sus características.
Podríamos plantear una actividad donde investiguen un animal y después compartan lo aprendido.
En lugar de exigir que todos hagan exactamente lo mismo, podemos permitir diferentes formas de presentar la información:
Una exposición oral.
Un cartel.
Una infografía.
Un pequeño texto.
Una presentación digital.
Un dibujo acompañado de información.
Un audio o video breve.
Pero ojo.
Esto no significa:
“Cada quien haga lo que quiera.”
Porque ahí ya nos fuimos por otro camino.
Primero debemos definir:
¿Qué quiero evaluar?
Si quiero evaluar que comprendieron las características del animal, entonces puedo permitir diferentes formas de demostrar esa comprensión.
Pero si el aprendizaje que busco específicamente es redactar un texto informativo, entonces necesariamente tendré que considerar la producción escrita.
El DUA no elimina los propósitos de aprendizaje.
Nos ayuda a pensar cómo podemos reducir barreras sin perderlos de vista.
Entonces, ¿por dónde empezamos?
Una pregunta muy útil es:
¿Qué barreras puede encontrar un alumno para participar en esta actividad?
No:
“¿Qué problema tiene este alumno?”
Sino:
“¿Qué barrera puede estar generando esta actividad?”
Y aquí cambia bastante la perspectiva.
Porque quizá el alumno no tiene un “problema de atención”.
Quizá nuestra actividad consiste en escuchar una explicación de 40 minutos.
Quizá no es que el alumno “no pueda expresarse”.
Quizá solamente le estamos pidiendo que demuestre todo mediante un examen escrito.
Quizá no es que “no quiera participar”.
Quizá la única forma de participar que ofrecemos es hablar frente a todo el grupo.
No siempre vamos a descubrir una solución inmediata.
Pero empezar a hacernos estas preguntas ya cambia nuestra manera de diseñar las actividades.
Tres preguntas para empezar a aplicar DUA
No necesitas convertir tu planeación en una tesis.
Puedes comenzar con tres preguntas:
1. ¿Cómo voy a presentar la información?
¿Solamente mediante texto?
¿Puedo apoyarme en imágenes, ejemplos, demostraciones, audio, videos o explicaciones?
2. ¿Cómo pueden participar mis alumnos?
¿Todos tienen que hacer exactamente lo mismo de la misma manera?
¿Existen diferentes formas de involucrarse en la actividad?
3. ¿Cómo pueden demostrar lo que aprendieron?
¿Necesariamente tiene que ser mediante una hoja?
¿El propósito permite una exposición, una producción gráfica, una explicación oral, una presentación o alguna otra forma de expresión?
Y aquí hay algo importante:
No tienes que ofrecer todas las opciones siempre.
Eso también nos puede volver locos.
El DUA no consiste en abrir 25 puertas cada vez que entramos al salón.
Consiste en anticipar barreras y ofrecer alternativas pertinentes.
¿Y si tengo poco tiempo?
Bienvenido al mundo real.
Porque todo esto suena muy bien hasta que recordamos que tenemos que:
dar clase,
evaluar,
llenar formatos,
atender alumnos,
hablar con familias,
ir a reuniones,
hacer planeaciones,
y en algún momento del día también deberíamos comer.
Por eso podemos empezar pequeño.
No necesitas rediseñar absolutamente todas tus actividades mañana.
Elige una.
Pregúntate:
¿Dónde podrían encontrar dificultades mis alumnos?
Y después:
¿Qué puedo cambiar para que más estudiantes puedan participar y aprender?
Quizá solamente necesitas agregar una imagen.
Dar un ejemplo.
Leer una instrucción en voz alta.
Permitir una forma diferente de responder.
Dividir una tarea compleja en pasos.
Proporcionar un organizador gráfico.
Dar más tiempo.
Son ajustes que, dependiendo de la situación y del propósito, pueden hacer una diferencia importante.
Y aquí viene lo más importante
El DUA no se trata de que hagamos más trabajo.
Se trata de que pensemos mejor el trabajo que ya hacemos.
Porque si para aplicar DUA terminamos preparando:
30 hojas diferentes,
30 instrucciones,
30 materiales,
30 evaluaciones
y 30 ataques de ansiedad...
algo salió mal.
😂
La pregunta no debería ser:
“¿Cómo hago una actividad diferente para cada alumno?”
La pregunta puede ser:
“¿Cómo diseño una actividad que permita que más alumnos puedan acceder, participar y demostrar lo que están aprendiendo?”
Esa pequeña diferencia puede cambiar mucho nuestra forma de planear.
Para llevarte algo al salón
La próxima vez que prepares una actividad, detente cinco minutos.
Mírala y pregúntate:
¿Qué barrera podría aparecer?
¿Qué alternativa puedo ofrecer?
¿Estoy evaluando realmente el aprendizaje que me interesa o estoy evaluando otra cosa?
Si puedes responder esas tres preguntas, ya estás comenzando a mirar tu práctica con otros ojos.
Y no.
No necesitas preparar 30 actividades.
Ni comprar 17 cajas de material didáctico.
Ni convertir tu salón en un laboratorio de innovación educativa.
A veces un pequeño cambio en cómo presentamos, desarrollamos o evaluamos una actividad puede abrirle la puerta a un alumno que antes se estaba quedando afuera.
Y eso sí vale la pena.
Porque al final, de eso se trata el DUA.
No de hacer más.
De diseñar mejor.
Nos leemos en la próxima.
Profe Homero
Comentarios
Publicar un comentario