La NEM explicada para profes que ya están cansados de explicaciones
Vamos a decirlo de una vez:
La Nueva Escuela Mexicana no debería necesitar un diccionario para entenderse.
Pero a veces uno empieza a leer un documento sobre la NEM y termina pensando:
“A ver… ¿qué chingados me están tratando de decir?”
Campos formativos.
Ejes articuladores.
Fases.
Procesos de desarrollo de aprendizaje.
Contextualización.
Codiseño.
Comunidad.
Proyectos.
Y uno ahí, con el café en una mano y la cara de “sí estoy entendiendo… creo” en la otra.
Pero vamos a calmarnos.
Porque detrás de toda esa terminología hay ideas que, en realidad, no son tan complicadas.
El problema muchas veces no es la idea.
Es cómo nos la explican.
Entonces… ¿qué demonios es la NEM?
En términos sencillos, la Nueva Escuela Mexicana propone una manera de entender la educación en la que la escuela no debería estar desconectada de la realidad de sus estudiantes.
Es decir:
No se trata solamente de enseñar contenidos porque aparecen en un programa.
También importa para qué sirven, cómo se relacionan con la vida de los alumnos y qué problemas o situaciones de su contexto pueden ayudarnos a aprender.
Y aquí aparece una palabra importante:
contexto.
Porque no es lo mismo enseñar en una escuela urbana, una comunidad rural, una zona indígena, una escuela con alta movilidad de estudiantes o cualquier otro escenario.
Cada comunidad tiene necesidades, características y situaciones diferentes.
Y si vamos a hablar de una educación contextualizada, pues precisamente de eso se trata.
¿Entonces ya no importan los contenidos?
Sí importan.
Muchísimo.
Aquí es donde a veces nos vamos al otro extremo.
“Ahora todo tiene que ser proyecto.”
“No podemos enseñar contenidos de manera directa.”
“Todo debe salir de una problemática.”
Y no.
Tampoco se trata de eso.
Los contenidos siguen siendo necesarios.
La diferencia está en que buscamos que esos aprendizajes tengan sentido y puedan relacionarse con situaciones reales.
Porque podemos enseñar matemáticas durante semanas…
o podemos utilizar una situación de la comunidad para que los alumnos tengan que calcular, comparar, medir, representar información o resolver un problema.
El contenido sigue ahí.
Solamente dejó de vivir aislado en una hoja.
Campos formativos: no son cuatro materias nuevas
Este punto merece una pausa.
Los campos formativos no son simplemente:
“Ahora juntamos materias y les cambiamos el nombre.”
La intención es favorecer una mirada más integrada del aprendizaje.
En lugar de pensar:
“Hoy toca Español. Después Matemáticas. Después Ciencias.”
podemos comenzar a pensar:
“¿Qué aprendizajes podemos movilizar a partir de esta situación?”
Por ejemplo, imaginemos que en nuestra escuela hay un problema con la cantidad de basura que se genera.
Tenemos una situación real.
A partir de ella podemos trabajar lectura, escritura, análisis de información, matemáticas, conocimientos sobre el ambiente, participación comunitaria…
Y de pronto descubrimos algo interesante:
la realidad no viene separada por asignaturas.
La escuela sí.
La vida no.
¿Y los ejes articuladores?
Aquí es donde aparecen conceptos como inclusión, pensamiento crítico, interculturalidad crítica, igualdad de género, vida saludable, apropiación de las culturas a través de la lectura y la escritura, artes y experiencias estéticas, entre otros.
Pero cuidado.
No significa que tengamos que agarrar todos los ejes y meterlos a fuerza en cada actividad.
Porque entonces terminamos con una planeación que parece lista del supermercado.
“Le puse inclusión.”
“Le puse pensamiento crítico.”
“Le puse vida saludable.”
“Le puse artes.”
“Le puse todo, jefa. ¿Ya quedó?”
No.
La idea es que estos elementos atraviesen el trabajo educativo cuando tengan sentido, no que los usemos como estampitas para demostrar que cumplimos.
¿Y los proyectos?
Aquí tenemos otro tema interesante.
Los proyectos pueden ser una excelente manera de integrar aprendizajes.
Pero un proyecto no se vuelve bueno solamente porque tenga una cartulina gigante al final.
Ni porque los alumnos trabajen en equipos.
Ni porque hagamos una exposición con papel kraft.
Un proyecto necesita tener intención educativa.
Tenemos que saber qué queremos que aprendan los estudiantes, qué situación estamos abordando, qué actividades les permitirán construir esos aprendizajes y cómo vamos a valorar lo que lograron.
Porque si después de tres semanas el producto final es una maqueta preciosa y nadie puede explicar qué aprendió…
tenemos una maqueta preciosa.
Y eso no necesariamente es aprendizaje.
La parte que más nos interesa: ¿qué hago yo mañana?
Aquí está la pregunta importante.
Porque podemos pasarnos tres horas hablando de la NEM.
Y después salir de la reunión exactamente igual que como entramos.
Así que vamos a aterrizarla.
Antes de diseñar una actividad, podemos preguntarnos:
1. ¿Qué quiero que aprendan?
No “qué actividad voy a hacer”.
Primero:
¿Qué aprendizaje busco?
2. ¿Qué tiene que ver esto con mis alumnos?
¿Existe alguna situación de su contexto que pueda ayudarnos a darle sentido?
3. ¿Cómo pueden participar activamente?
No todo tiene que ser escuchar al maestro durante 40 minutos.
Podemos preguntar, investigar, comparar, discutir, resolver, crear, explicar y tomar decisiones.
4. ¿Qué otros aprendizajes puedo relacionar?
Aquí entran los campos formativos y los ejes articuladores.
No para adornar la planeación.
Para integrar aprendizajes cuando tenga sentido hacerlo.
5. ¿Cómo voy a saber si aprendieron?
Porque el proyecto puede estar precioso.
La presentación puede salir espectacular.
Los papás pueden tomar 200 fotos.
Pero nosotros necesitamos saber:
¿qué aprendieron?
Entonces, ¿la NEM cambió todo?
No necesariamente.
Y esta parte me parece importante.
Muchas de las cosas que propone la NEM ya estaban presentes en prácticas docentes anteriores.
Trabajar con el contexto.
Considerar la diversidad.
Promover la participación.
Relacionar aprendizajes.
Desarrollar pensamiento crítico.
Trabajar colaborativamente.
Lo que cambia es la manera en que se organiza y se plantea el currículo y el énfasis que se pone en determinados aspectos.
Así que tampoco necesitamos entrar en crisis cada vez que aparece un nuevo término.
No tenemos que tirar todo lo que hacíamos antes.
Tenemos que revisar nuestra práctica, entender el nuevo planteamiento y ajustar lo que sea necesario.
Y aquí viene una verdad incómoda
A veces queremos que la NEM nos dé una receta.
Dígame exactamente:
“Haga esto el lunes, esto el martes y esto el miércoles.”
Pero la educación no funciona así.
Y probablemente tampoco debería.
Porque el grupo de 4.º A no es igual al 4.º B.
Una escuela no es igual a otra.
Una comunidad no es igual a otra.
Y un problema que tiene sentido en una escuela puede ser completamente irrelevante en otra.
Por eso la contextualización es tan importante.
No se trata de hacer lo mismo en todas partes.
Se trata de tomar el currículo y hacerlo dialogar con la realidad.
Entonces, ¿cómo resumimos la NEM sin hacer una presentación de 87 diapositivas?
Podríamos decirlo así:
Conocer el currículo.
Conocer a nuestros alumnos.
Conocer nuestra comunidad.
Relacionar los aprendizajes con situaciones significativas.
Promover la participación y el pensamiento crítico.
Atender la diversidad.
Evaluar para saber qué están aprendiendo y qué necesitamos ajustar.
Y volver a empezar.
Porque sí.
La NEM tiene términos nuevos.
Tiene documentos largos.
Tiene conceptos que necesitamos estudiar.
Y seguramente seguirá generando dudas.
Pero tampoco necesitamos convertirla en una criatura mitológica.
La estudiamos, la cuestionamos, la entendemos y la llevamos al aula.
Poco a poco.
Y si todavía tienes dudas…
Bienvenido al club.
Nadie nos dio una membresía, pero aquí estamos. 😂
Lo importante es no quedarse únicamente con:
“Así lo pide la NEM.”
Esa frase puede ser el principio de una conversación.
Pero no debería ser el final.
La pregunta que realmente importa es:
¿Cómo puedo hacer que esto tenga sentido para mis alumnos y para mi comunidad?
Ahí empieza el verdadero trabajo docente.
Y también ahí empieza una parte interesante de todo esto.
Porque entre documentos, reuniones, formatos, proyectos, diagnósticos y demás aventuras…
seguimos teniendo un grupo de alumnos enfrente.
Y ellos necesitan que lo que hacemos tenga sentido.
No que nuestra planeación tenga veinte páginas.
Nos leemos en la próxima.
Y tranquilos…
la NEM no muerde.
Bueno…
los documentos de 200 páginas sí pueden dar un poquito de miedo.
Pero de eso hablamos después. 😏
PROFE HOMERO
Educación sin tanto rollo, pero tampoco a lo pndejo.
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